Que leer engorda, me parece de cajón. Pero no teman, pueden permanecer tranquilos en este caso, sin llamar al gimnasio más cercano. No se trata de declarar la guerra a la flaqueza física, por mucho sillón que leer requiera. Yo me refiero a otra acepción del verbo engordar; para ser exactos, la tercera según el Diccionario de la Lengua Española, que dice lo que les cuento:
-engordar: “Hacerse rico”. Curiosos e inexpugnables son los caminos del idioma. La lectura hace rico. Pues bien, siguiendo con el juego, si uno se hace rico, en algo tendrá que gastarse lo acumulado. Y personalmente no conozco mejor fórmula de despilfarro que la de escribir. De nada sirven las fortunas inmóviles, aunque las móviles a mí, modestamente, me parecen tan inútiles como estas. No sirven. Fíjense, sólo se habla de las fortunas cuando se dilapidan, cuando se (mal)gastan o, siendo muy modernos, cuando se invierten espectacularmente.
Leer es hacerse rico y escribir es gastárselo. O por lo menos, así se las gasta uno. No queda más remedio. Las reglas del mercado deben ser las reglas para todos los campos. Y aunque sea este un país de una marcada anorexia lectora, uno debe engordar y engordar y luego adelgazarse en la corporación estética del papel. No queda más remedio.
Hace poco leía algo de Umbral, que recuerdo vagamente (supongo que ya lo habré gastado) y que se refería a la “subjetividad del artista”, a la negación de la condición objetiva a la que, concretamente el escritor, renuncia en su trabajo solitario, alejado de sus congéneres, (si ser escritor puede clasificarse así, zoológicamente). Basaba todo esto en la manía que tienen estos tipejos de firmar con su nombre, o con nombres directamente falsos, pseudónimos se llaman, y en el placer que, por lo que parece, le da al escritor ver su nombre impreso, sobre el texto. Nada más falso.
La imagen del escritor montándoselo a solas con su destino fatal, con su deber de ser artista, con su nombre. Falso. El arte, en cualquiera de sus múltiples formas de trabajo, no tiene por qué limitarse a uno mismo, o siendo más precisos, no tiene por qué acotarse en uno mismo. El arte tiene la obligación de ser plural, y en esto la academia no deja dudas: - plural: “mostrar uno o más de un aspecto”. De eso se trata. Estamos cansados de escritores ensimismados en sus pañolitos, de autores usados, repetidos, congelados, hartos de Gala y de su inaguantable poesía, hartos de los recitales que salen de latas, hartos de mirar hacia otra parte cuando los versos pasan justo por la esquina de una calle (seguramente con hambre), que puede ser la suya.
Así que esta introducción torpe y afortunadamente breve, se justifica en la defensa a ultranza de los colectivos artísticos, de los de creación, de la posibilidad de combinar proyectos diferentes encaminándolos hacia un mismo fin, sin competencias; proyectos diversos y gente diversa, poemas colectivos, poemas sin nombre, poemas de todos. Si decimos poesía con cara de poetas, la concurrencia huirá despavorida. Vamos a cambiar, al menos por el momento, eso. Vamos a decir poesía nuestra, con cara de albañiles, o de estudiantes, o de humoristas. Vamos a unirnos en eso: - unir: “Juntar dos o más cosas entre sí, haciendo de ellas un todo”. Escuchemos la voz de la Súper Academia... Dos o más cosas. Dos o más artistas. Dos o más poetas. Más personas. Toda la gente. Unir. Inescrutables son los caminos del idioma. Pero hay que pateárselos.
Dedico esta selección de textos
a los colectivos de creación,
porque son suyos y no míos.
IMPREGNÓ su cuento con una breve
dosis de melancolía;
Sabía que ella ansiaba el universo
pero él solo guardaba
unas cuantas palabras
con las que pagar las copas
desgajadas.
Rebuscó en sus bolsillos antiguos traumas,
recordó a su madre destejiendo la vida
y se inventó colegios y viejos expedientes.
La muchacha delgada se vistió
en silencio
y lo dejó dormir en el cuarto
treinta y uno.
Cuando despertó se supo un hombre rico
y huyó por la ventana
para evitar al portero.
(De Afterhours en Caná, año 2000)
TERCERA FOTOGRAFÍA.
No puedo abrir los grifos
Porque su curva me devuelve las preguntas
Que degollamos con nuestra saliva.
No puedo empujar la puerta
Porque su giro me devuelve el ritmo
De tu sexo emplumado.
Ya no escucho la radio
Porque ayer las noticias hablaron de ti
En no sé qué asunto de desaparecidos.
Salí a la plaza
Y coloqué sobre mi pecho
Una fotografía con tu nombre
Y aunque era Mayo no encontré
A los presuntos torturadores.
El policía que disparó
Para dispersar mis fantasmas
Me dijo que
Simplemente
Te fuiste porque sí.
(De Al infierno con los bravos, año 2001)
AMOR DE MADRE.
Tatúa en tu brazo
Mi madre miró los ojos de mi rabia
Y pensó que eran hermosos.
(De Cama de arañas, año 2002)
SONETO INVOLUTIVO.
Desterradme hacia el telar de la araña
A los bosques siniestros de la sierra
A la vida sanguinaria a la guerra
Del hueso de la piedra y la maraña
Llevadme allí donde la noche encierra
Al hombre entre sus dientes de piraña
Donde la noche anida en la legaña
De un animal con los ojos de tierra
Atadme al eslabón desconocido
Volvedme a la genética inocencia
A la verdad que late en el gruñido
A la más primitiva consecuencia
Que es morir descansar al fin vencido
Frente al vasto dolor de la existencia
(De Cama de arañas, año 2002)
QUIEREN la guerrilla
y tiene los planos
y por eso son delgados
son casi lobos-lechuzas
animales auténticos en el grito
y aunque conocen la aspiración
de las balas
prefieren la aspiración
de la hache
nadie sabe si por
algún débito alimenticio
o por alguna carencia ancestral
amniótica
heredada de las aguas
donde toda perspectiva
depende de las brújulas
que perdieron
(De Colectivo de riesgo, año 2003)
PROPIEDAD PRIVADA.
Los perros que ladran en los almacenes
también muerden a los hombres
que desatarían sus cadenas
(De Colectivo de riesgo, año 2003)
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